por Héctor E. Reglero
Es que en poco menos de 20 años, diecinueve para ser exactos, la Sonora Shirley ha tocado en bautismos, comuniones, bar y bat mitzvá, casamientos, divorcios, despedidas de soltero, despedidas de soltera, fiestas de 15, de 18, de 30, de 40, de 50, estrenos de casas, despedidas de alguien que iba al exterior, bienvenidas de alguien que volvía del exterior, en boliches finos, en booliches terrajas, en Montevideo, Maldonado, Florida, Rocha y Soriano, pero en lo que nunca había tocado era en una despedida de un ser inanimado, en este caso una casa.
Y así fue en la noche del sábado 7 de mayo. La casa de la familia Blanco se vendió, y el Pantalla, miembro de la útima rama de la familia que la utilizó como vivienda, antes de pasar a ser oficinas de una agencia de publicidad, resolvió despedirla como se merecía. "Despedimos una casa y miles de historias" rezaba la invitación, así como un fotomontaje en la entrada de la mansión, y para tan importante evento que otra banda podría estar presente sino la Sonora Shirley, un ésito asegurado.
A partir de las 22:30 se empezó a poblar cada ambiente de la nada humilde ex-morada del Panti. Una fauna de lo más variada, te podías encontrar con el gordito que te mató a trompadas en cuarto de escuela y que desde esa época no veías, charlando con el gerente del banco que fuiste a manguear hace pocos días, y con el padre del compañerito de clase de uno de tus nenes y su nueva pareja (una veinteañera tipo bailando por un sueño).
Apenas pasada la medianoche se presentó en el escenario una telonera de gran categoría. Cuando te dicen que va a cantar la hija del que hace la fiesta, automáticamente te imaginás un plomo sin precedentes, sin embargo en este caso, la joven Rodríguez nos deleitó con una voz bárbara y gran capacidad para entonar (mejor, incluso, que su tío Juanca).
Varias cervezas, algunos whiskys y un par de champanes más tarde, sobre las 2 AM, la mítica banda en su formación original, con Blasito en la bata, el Negro en la viola, Calcu en el bajo y el Cacho en voz, subió a los camerinos ubicados en el tercer piso y se aprontó para saltar al escenario. Treinta minutos más tarde Calcu, vestido de patovica jubilado con una remera negra que marcaba su prominente abdomen, presentaba desde el escenario a la única, la incomparable, con ustedes Laaaa Sonoraaaaa Shirrrrrley.
Cacho la Pantera se hizo del micrófono y luego de saludar a la juventud presente se escucharon los primeros acordes de "Procuro Olvidarte". Aún resonaban en esa misma casa los acordes de un magnífco toque en el otoño del 93, nada menos que dieciocho años nos separaban del casamiento del anfitrión.
El segundo tema fue "Ya estoy aquí, tan enamorado", de Franco de Vita, con los originales arreglos de voz en italiano. Siguieron "Dueño de tí", "Solo importas tú" coreado por el público presente, "Déjame intentar" y un solo de viola impresionante del Negro, "Bailar Pegados", "Mi vida eres tú" (aquel hit de la recordada telenovela Cristal, con Janette Rodríguez y Carlos Mata), para cerrar con un popurrí de Rafaela Carrá. Al pedido de bis se respondió con "Agarrensén de las manos".
El público deliró, cada golpé de tambor del enjuto baterista, cada riff del moreno guitarrista, cada sonido grave arrancado al bajo, así como cada frase de Cacho La Pantera fueron festejados. La banda había preparado un chow de media hora y debió permanecer casi sesenta minutos en el escenario. Es que la Shirley es de su público. Fueron sus fans que la pusieron en el lugar que hoy ocupa como grupo de culto, y a Ellos no se les puede descepcionar.
Cuando este cronista se iba de la fiesta escuchó el siguiente diálogo entre dos elegantes mujeres que caminaban hacia un Audi que las esperaba parado en doble fila sobre Bvar. Artigas:
- Lo mejor que tiene estar llegando a los 40 es que podemos decir que a la Shirley la vimos nacer. - dijo una de ellas. A lo que la otra contestó:
- Obvio, además hoy en día las patas de gallo las arreglamos con botox.
La Shirley es un sentimiento, que lo llevo adentro de mi corazón.
lunes, 9 de mayo de 2011
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